En muchas plantas se asume que, si la ventilación funciona y no hay olores extraños, el ambiente está dentro de parámetros aceptables. Pero en campo suele ocurrir lo contrario: las concentraciones de CO₂ suben sin que nadie lo note, afectando la eficiencia del sistema HVACR, el confort térmico y, en casos más críticos, la seguridad operativa.
El CO₂ no avisa. No genera alarma visual ni auditiva. Solo se acumula, desplazando el oxígeno y aumentando la carga térmica. Y cuando aparece el síntoma —fatiga del personal, pérdida de rendimiento en procesos o sobrecarga en los equipos— ya se perdió demasiado tiempo.
Un monitor de dióxido de carbono permite ver lo que a simple vista no se detecta. En inspecciones de mantenimiento, más de una vez encontramos que los problemas atribuidos al “mal enfriamiento” o al “bajo rendimiento del sistema” estaban relacionados con un ambiente mal renovado. Un incremento de CO₂ obliga al HVACR a trabajar más para compensar, elevando consumos eléctricos y reduciendo la estabilidad térmica del proceso.
Además, en zonas cerradas con equipos que usan combustión o donde hay alta presencia de personal, estos desbalances pueden aparecer a diario. Y cuando se integran las mediciones de CO₂ al monitoreo continuo, la operación deja de depender de supuestos y pasa a basarse en datos reales del ambiente.
En Trumentto lo vemos repetidamente: la eficiencia no solo se pierde en fallas mecánicas, sino también en condiciones ambientales que nadie está midiendo.
¿En tu planta, revisan el CO₂ con regularidad o solo cuando aparece un problema?